sábado, 12 de abril de 2014

El destino de María

Eran cuatro hombres.
Entraron en la casa sin pedir permiso y rompieron las cosas que guardaban otras.
Entraron como aullando sirenas.
Entraron y María se quedó dura como una piedra, le trajo tantos recuerdos que ni siquiera preguntó por qué llegaban.
Entonces le dijeron te llevamos con nosotros y nos llevamos tu destino.
Y María no entendió que se lo llevaban para siempre.
Esposas, capucha y botas sobre su cuerpo para viajar en un auto sin otro sonido que la radio que transmitía el campeonato de fútbol.
Era el 25 de mayo de 1978.
María después pudo recordar que oyó frases como: ¿crees en dios? Porque acá nosotros somos dios. Y otras palabras crueles. Y otras amenazas y algunos golpes que no le dolieron porque el susto era más que el dolor.
El susto fue tan grande que cuando salió de ahí borró todo de su memoria.
El susto fue tan agobiante como lo fue de humillante orinarse parada; decidió olvidarse
Y entonces ellos se quedaron con su destino.
Muchos años más tarde se dio cuenta que le importaban poco los golpes, la violación y mucho menos haberse orinado casi todos los días en el interrogatorio.
Pero le dolía y mucho, el destino robado. No pudo recuperarlo.( María Luisa de Francesco/ abril de 2014)

martes, 4 de marzo de 2014

Artículo de primera nacesidad.

Después de años de batallar por una literatura para niños amplia, sin tabúes, sin códigos moralizantes, solo a favor de la belleza, la ilusión y la fantasía, donde se hable de lo mágico, de lo de hoy, de lo de ayer...de una literatura para niños que no sea por favor, la hermana más pequeña de la literatura toda, sino, su hermana. He leído un artículo que no quiero perder, que no quiero dejar de compartir:
La literatura infantil es una rama de la filosofía, Juan Villorio

lunes, 10 de febrero de 2014

Dos fotos inexplicables.

La culpa es de mi mamá que siempre anda buscando lugares y cosas extrañas, como soy su única hija seguro voy a parecerme a ella. Un día de primavera nos enteramos, mi padre y yo, que al fin mamá había logrado que le alquilaran a bajo precio la casona enorme que hacía años andaba buscando para pasar un verano completo.
En un lugar privilegiado, hermoso, en una gran altura y casi junto al río. Y así nos vinimos apenas terminaron las clases, tan pero tan felices. La planta alta de la casa tiene un balcón enorme, como una terraza, desde donde se ve correr el viejo río a veces mansos y otras, no tanto.
A mí lo primero que me molestó fue que justo al otro lado de la calle, la única companía era esa otra casa a la altura de la nuestra pero totalmente olvidada. Su techo ya no estaba, de las ventanas sólo quedaban pedazos de muros con rejas, en fin, que era una casona muy antigua que habían dejado ahí, abandonada. Me prometí que el primer fin de semana con mis amigas iríamos a recorrerla y a corrernos asustándonos.
Desde ese fin de semana lo hicimos, era muy divertido porque la casona antigua estaba rodeada de arbustos que crecían entre sus viejas paredes, los ladrillos desnudos, el portón de reja que cerraba la entrada chillaba bajo nuestras manos, había todo tipo de insectos corriendo por aquellos muros. Así que los sábados la vieja casa era visitada por nosotras que corríamos, nos asustábamos y gritábamos dandole un poco de vida al lugar.Y lo digo en pasado porque ahora...ya no podría ir.
Desde hace tiempo mi mamá quiere tener un estudio de fotos, pero no así un estudio de dos por tres, no, mi mamá estaba, y está, decidida a ser fotógrafa profesional con fotos maravillosas reveladas por ella. Mi papá no dice nada porque sabe que cuando mamá quiere algo, lo consigue, así que decidimos entre los dos, dejarla hacer y que ese verano se reciba de fotógrafa revelando sus hermosas fotos. Mi mamá es muy creativa. Se hizo un estudio de fotos en la planta baja de la casa que tuvimos ese verano, un cuarto de revelado como los de antes con luz roja y todo porque mamá había decidido hacer todo tipo de fotos.No podíamos saber qué destino tenía el bendito revelado de mi mamá.
Y fue la noche que esperábamos la tan anuciada tormenta. Cuando mamá supo lo del anuncio nos avisó que esa noche no quería que la molestáramos, que miráramos una película o que leyéramos algo, no importaba, pero esa noche ella tenía que esperar la tormenta en el balcón para tomar sus primeras maravillosas y artísticas fotos.
- ¿ Por qué esta noche, mamá?- protesté yo.
- Porque tengo puesto mi ojo en un punto desde donde se verá el río iluminado por los rayos, si es que hay tanta tormenta eléctrica como pronostican.- me dijo muy seria.
- Pero me voy a aburrir - seguí protestando- esta noche no pueden venir mis amigas...
- No te preocupes - dijo mi papá dejando el diario- tengo que ir hasta el centro, traeré películas y alguna revista.
- ¿ Puedo acompañarte?- pregunté
- Bueno pero no molestes si me demoro- agrego papá que siempre demora en todo- tengo muchos trámites que hacer.
- ¡ Está bien!- le dije y le tiré un beso con la mano- ¡ Voy a cambiarme!
Y nos fuimos con mi papá en un viaje que debía demorar un par de horas pero como siempre demoramos el doble. Vinimos cargados con la compra del mercado donde pusimos una cantidad de dulces que nadie nos había encargado y una cuantas películas de miedo más las revistas de historietas y palabras cruzadas que tanto nos gustaban.
Era temprano aún pero la tormenta ya se anunciaba, docenas de nubes oscuras se paseaban rápidas sobre el cielo, el río tan verde estaba lleno de grises sombreados, algunas descargas lejanas iluminaban sus laderas más allá de donde llegaba nuestra vista. Y claro, cuando entramos en la casa la vimos a mamá eufórica, contenta, con dos trípodes y dos cámaras en el balcón. Nos saludó con la mano y nos dejó ver una sonrisa que quería decir:
- Estoy feliz haciendo lo que me gusta, gracias por no molestarme.
Así que nos fuímos a guardar la compra y a ordenar qué película mirábamos primero. A las nueve comenzó una llovizna y muchos truenos anunciaban que la tormenta golpeaba ya las puertas, mi papá se había dormido porque gané el sorteo y estábamos mirando una de miedo. Entonces lo abracé y le dije:
- ¿Podemos ver las películas desde la cama grande?
- Claro que sí- me dijo contento.
Ahí nos fuimos con golosinas, revistas y películas a su habitación donde él roncaba y yo me moría de miedo mirando las películas que nos habíamos traído y masticando un chicle o dos, mezclándolos con algo de chocolate que me parece, me quita el miedo.
Eran como las diez tal vez cuando un rayo estremeció toda la casa, la luz hizo unos guiños y después del estruendo del trueno, oí gritar a mi madre de felicidad y luego su carrera veloz al sótano de revelado. Pensé:
- Ya está, por fin sacó su foto, ahora se viene a la cama y nos dormimos acá los tres.
Pero la que se durmió fui yo porque mamá esa noche no pudo la pobre. De mañana temprano me levanté y la vi cuchicheando con papá en la cocina, los pelos así nomás, eso que mamá se cuida mucho el pelo aún en verano. De pijamas y con cara de susto. Pensé que mi madre se había mirado las películas de terror que trajimos pero no, porque estaban mirando los dos fotos, seguro las fotos de mi mamá.
La cocina tenía solo un triste mate preparado, para mí nada, ni tostadas, ni biscochitos, ni galletitas, nada de nada, mamá se andaba paseando y papá sacudía la cabeza mirando fotos.
- ¿ Qué pasa?- pregunté
- Nada querida, nada- dijo mi madre pero el tono quería decir: pasa algo muy gordo.
- Ah no, dije yo, ya no soy una niña, cuenten que pasa...
- Las fotos- dijo mamá- son las fotos.
Antes que papá las sacara de la mesa de la cocina,siempre quiere ocultarme las cosas, yo las vi: eran dos fotos, grandes, en blanco y negro porque mamá está en su etapa sin color. Claramente se veía la ventana de rejas con trozos de muro de la casona abandonada. Al otro lado allá lejos, el río revuelto con la tormenta. Todo iluminado por un rayo, pero lo extraño era la sombra detrás de la ventana abandonada. La sombra de algo así como un hombre que estrangulaba una mujer. Era verdad lo que veía, pregunté casi llorando, qué clase de broma hacía mi mamá con las fotos que mostraba esa sombra siniestra en el lugar donde yo y mis amigas jugábamos a escondernos los sábados de tarde.
Al fin mi mamá se sentó, intentó tranquilizarse y me contó: que ella sacó muchísimas fotos durante el efecto de los rayos sobre el río, de marco usaba la ventana que parecía abierta al vacío y las rejas de las casa abandonada. No vio nada y cuando fue a revelarlas, entonces vio y no pudo parar de revelar como diez fotos más, agrandando, iluminando, en fin...Que aquella sombra aparecía siempre igual.
Después discutimos los tres qué hacer: llamar a la policía local decía mi padre, llamar a nuestros amigo el policía de la capital decíamos mi madre y yo. Al fin ganó papá y a eso de las diez de la mañana bajo una lluvia mansita, cayó el Inspector Gómez que nos hizo más preguntas de las que alguien pueda imaginar.
Se fue a las doce sin decir ni mu, ni ma, ni nada. Se fue serio preguntando si realmente las fotos las había sacado mi madre y se llevó las fotos.
Al principio esperamos tranquilos que alguien viniera a comentarnos algo, luego pasaron dos días y estábamos los tres muy preocupados. Nada de nada, nadie nos venía a decir si había pasado algo.
El viernes con vos segura, mi padre dijo:
- Si no nos informan nada, nos vamos de nuevo a la ciudad.- dijo eso y punto.
Mamá no reprochó nada, también sabe que cuando papá dice nos vamos, nos vamos. Tenía miedo que algo pasara, pero al final no pasó nada, bueno pasó, pero no lo que papá temía.
El viernes de tardecita nos llamó el Inspector Gómez, y las dos suspiramos, al fin había noticias, ya no teníamos que hacer valijas y mis amigas irían el sábado y con el cuento de las fotos, estarían toda la tarde haciendo preguntas.
El Inspector Gómez se instaló en el salón principal, vio primero la vista desde el balcón hacia la casa de enfrente, vio con el ojo de la cámara de mi madre desde dónde y cómo sacó las fotos, después aceptó un vaso de limonada y nos explicó despacio:
- Ustedes no tienen nada que temer, acá no ha pasado nada.
- Entonces la sombra es un juego de mis dos cámaras- dijo mamá con voz de no me diga mentiras- porque con las dos capté esa sombra...
- Sí, así es..- el Inspecto tomó un poco de limonada.
- Y las dos fotos son bastante nítidas- siguió mi madre- no creo que alguien en semejante tormenta hiciera la sombra para asustarnos...¿ no le parece?
- Yo tampoco creo eso...- dijo el Inspector y terminó la limonada.
- ¿Hay alguna explicación?- preguntó mi padre intentando estar calmado- ¿ Ud piensa que mejor nos vamos a nuestra casa?
- Bueno mire, - aclaró el Inspector tomándose un minuto- Esa casa está vacía desde fines del siglo XIX...Nadie más la habitó, nadie la compró, ni siquiera fue puesta a la venta...Es una casa totalmente abandonada ya ustedes la han visto...Sin embargo la información que yo tengo es que esa casa fue el regalo del padre de una joven heredera de la zona, Julieta Santos y Ríos. Su padre fue el fundador de este poblado, un hombre muy rico. Casó a su hija con el hijo de su mejor amigo...y le regaló esa casa que según dicen, era hermosa. El muchacho, llamado Juan Aristes, estaba loco. Inútil fue avisarle al padre de Julieta que el muchacho era trastornado, inútil fue que su propia hija le rogara no casarla con él...
Silencio, el Inspector se detuvo y mamá le llenó el vaso con su limonada milagrosa, el hombre tomo un poco y continúo...
- Se casaron en un diciembre de mucho calor, hicieron una gran fiesta y el novio se vino luego con su esposa para la casa pero nunca más lo vieron, encontraron a la pobre chica estrangulada en el dormitorio principal- el inspector señaló la ventana- Sí, ese era el dormitorio principal, al muchacho jamás lo hallaron y todos piensan que se ahogó de alguna manera siniestra. No son las primeras fotos que muestran esa sombra...hubo una en el siglo pasado...
- No se hable más- dijo mi padre- estamos frente a una casa de fantasmas,nos vamos mañana mismo.
- Pero es una historia fascinante- dijo mamá sentándose- cuentenos más...
- Bueno, no hay mucho más.- dijo el inspector- una o dos veces alguien comentó que sacaban fotos y se veía la sombra. No las he visto y tampoco me lo había creído pero le puedo asegurar que los cuentos dicen exactamente lo que usted fotografió.En el pueblo siempre se habla de lo mismo, es una leyenda este lugar y las fotos inexplicables...
Un rato más tarde el inspector se fue y nos quedamos con mamá pidiéndole a mi papá que no, no nos queríamos ir. Al final pobre mi padre, cedió con la esperanza que nos arrepintiéramos.
Le hice prometer a mi madre que en la próxima tormenta o en la noche más brillante de la luna llena, cuando la ventana fantasmal se llene de luz, me dejará sacar una foto.
Y acá estamos las dos esperando que eso ocurra, por suerte, aún no termina el verano.

Mi libro: la increíble historia de un amor y una no nariz

Publicado por la editorial Tiempo de leer, para su colección Tiempo de soñar, en Colombia, les dejo la reseña de este primer libro para niños, pronto serán tres, que presentaré en mayo en la Feria del libro de esa ciudad.
Comentarios de: La increíble historia de un amor y una no nariz

martes, 6 de agosto de 2013

La gata de la buena suerte ( regalo para mis lectores)

La gata de la buena suerte.

Este cuento de gatos tiene que suceder en ese barrio imposible de Florida donde todo sucede y todo podrá suceder. Entonces comenzando bien la historia les diré que un día en el barrio imposible de Florida nació una gatita preciosa, tenía tres colores bien marcados, increíbles colores. Pintados sobre un blanco muy requeteblanco tenía manchitas negras y al lado de las negras otras, las increíbles, que eran naranjas como las naranjas de verdad.
Al principio la mamá gata la lavó más que a sus otras dos hijitas que eran negras y blancas como ella, intentó quitarle aquellas manchitas anaranjadas porque donde se vio una gatita con color de naranjas.
Pero fue imposible quitárselas y mamá gata se tuvo que resignar, la gatería del barrio vino a ver a las tres recién nacidas y quedaron asombrados con las manchitas naranjas pero como la gatita en cuestión era muy chiquita apenas se veían.
Pero los días primaverales pasaron, como las flores del jardín crecían las gatitas pero la de tres colores crecía más rápido mostrando cada vez más las naranjas de su lomo. Era juguetona y alegre como todo gatito pequeño.
Tenían dos meses las tres gatitas cuando llegó la señora de la casa con otra señora y dos niños a mostrarle las gatitas.
- Pero Sonia- dijo la visitante- tenés una gatita de tres colores.
- Sí- dijo la dueña de casa- ¿viste qué raro?
- No, es más que raro, es maravilloso- contestó la visita.
- Bueno, no sé Susana, ¿por qué te parece tan especial?
- No me digas que no sabes que esas gatas traen suerte…
- No, nunca oí nada de eso- dijo Sonia- además si te digo que yo en esas cosas no creo…
- Bueno pero yo sí- dijo Susana- quiero que me regales ésa.
- Está bien Sonia- dijo la dueña de casa y tomó a la gatita en sus manos- cuidala, es muy bonita.
- ¿Que si la voy a cuidar?- contestó Susana- Será nuestro tesorito y cuidadito del que la moleste- dijo mirando a sus dos hijos con cara de madre enojada antes de tiempo.
Y se llevaron muy contentos a la gatitas de tres colores que llamaron Orange, que así se dice naranja en inglés. No sé por qué les gustó más la palabra en inglés que en español.
Desde ese día instalada en la casa de Susana, Orange tuvo todos los mimos y las atenciones, collar con nombre y dirección por si se perdía, almohadón especial para dormir, juguetes, su baño especial que se limpiaba a diario, comida carísima de esa que comen los gatos muy finos de olfato. Qué más podía pedir la gatitas de tres colores.
Cuando tenía seis meses el dueño de casa, don Oscar, andaba rezongando por los gastos de la veterinaria cuando le llegó la noticia, junto a la cuenta de la veterinaria, de que se había ganado un televisor de esos rectangulares y gigantes que se usan ahora.
- Te lo dije- le dijo su mujer- esta gatita trae suerte.
- ¿Pero será posible?- se preguntaba el esposo- Nunca en mi vida había ganado un premio.
Y se fueron a buscar el televisor gigante, lo trajeron en una camioneta porque no entraba en el autito que usaban. Lo instalaron en la sala y dejaron que Orange mirara películas con gatos desde su almohadón.
No habían pasado ni tres meses cuando se ganaron el premio grande de la lotería. Cuando se enteraron iban a salir a hacer una fiesta en la calle con el barrio pero Susana lo pensó y dijo:
- No digan nada.
- ¿Por qué?- preguntaron a coro Oscar y los dos niños.
- Porque es lo que les dije, la gatita de tres colores nos da suerte, si el barrio se entera me la pueden robar…
- La gente de este barrio no hace esas cosas- dijo Oscar muy serio.
- No, ya lo sé- dijo Susana- pero las noticias de buena suerte vuelan, pueden venir de otro lado.
Así que se fueron a cobrar el premio muy calladitos todos. Pero cambiaron el autito por un auto, cambiaron la vieja lavadora por una nueva, incluso arreglaron la vereda, pusieron un gran jardín al frente.
Y luego enrejaron todo, la casa quedó tapada de rejas.
Los vecinos preguntaban. Susana se hacía la distraída y Oscar siempre tenía mucho trabajo. Los dos hijos, Oscarcito y Felipe, tenían prohibido hablar, pero prohibido prohibidísimo, como de castigo de mucho rato si lo hacían.
En la casa mientras tanto Orange andaba saltando por todos lados, su almohadón era nuevo, sus juguetes también, su alimentación era carísima pero ella de eso no sabía nada y había comenzado a aburrirse de su encierro. Miraba por horas enteras el jardín cada día más lindo y grande desde su ventana.
Hasta que llegó el día de la competencia de la Escuela: Oscarcito tenía que correr para calificar para el inter escolar contra su propio hermano Felipe. Se peleaban de noche, de día, de tarde y a todas las horas. Su madre no sabía ya como hacer para mantenerlos lejos de la gatita Orange, los dos querían dormir con ella, abrazarla, darle de comer, buscando la suerte de su lado.
Una siesta donde el sol había comenzado a dar bastante calor los padres se durmieron mirando el televisor gigante y Felipe tomó la gatita en sus brazos para llevarla con él, pero su hermano no lo iba a permitir así fue como comenzaron a correrse. Fue corriendo que salieron al jardín y mientras se peleaban Orange aprovechó para escapar, había visto desde hacía días un hermoso gato negro que le maullaba desde la reja.
Mientras los hermanos seguían peleando, Orange se escapaba y el barrio entero dormía la siesta.
En la carrera de la Escuela no ganó ni Oscarcito ni Felipe, ganó un chico llamado Carlos. En la casa de Susana quedaron todos los muebles patas arriba de tanto buscar a Orange, gastaron mucho dinero poniendo anuncios en la radio, en los periódicos y en la televisión. La foto de Orange con el cartelito: hay recompensa si la trae sana y salva, adornaba todos los árboles del barrio.
Entonces sucedió lo que sucede en ese barrio y en algunos otros: todos los vecinos se pusieron a buscar a la gatita de tres colores, tanto la buscaron que desde otros barrios también colaboraron, tanto insistieron que hasta un anuncio en la radio local totalmente gratis pedía por la mascota Orange, y daban la dirección de los dueños.
- Esto sí que es tener suerte- murmuraban Susana y Oscar-un barrio tan solidario como el nuestro.
Pero Orange ni estaba tan lejos, ni tan desaparecida, sólo estaba enamorada de un gato negro que le maullaba en la oreja, como todos los gatos cuando están enamorados.
Cuando regresó a la casa ya tenía gatitos en su pancita. Susana la recibió con mucho cariño, le aprontó el almohadón, los juguetes y mucha comida porque se dio cuenta que iba a ser mamá. Toda la familia esperaba ansiosa el nacimiento. Orange tuvo dos gatitos negros y un gatita blanca con rayitas negras y naranjas que hicieron salir a festejar a toda la familia. Qué digo la familia, digo el barrio.
Ahora esta historia pasó hace algún tiempo y el barrio tiene muchas gatitas de tres colores, porque ya se sabe que las gatas y los gatos cuando les da por tener hijos, tienen muchos.
Susana y Oscar han ido regalando las gatitas de la suerte a los vecinos, a los que más la necesitan: algunos han podido comprarse la casita que soñaban, otros han podido vencer una enfermedad, otros, nada de loterías o premios, sólo han ganado más y más amigos que esa sí es una suerte enorme.
Al barrio imposible de Florida han pensado en llamarlo : Florida un barrio con suerte, pero no sé si la alcaldesa Graciela estaría de acuerdo, después de todo es su barrio.


Con mucha humildad dedicado a Graciela Montes mi autora favorita en cuentos con gatos y a su magnífica obra para niños.
María Luisa de Francesco
Julio 2012

martes, 25 de junio de 2013

La educación de los niños, enlace.

Gustavo Martín Garzo escribía:
Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas de la vida que el que no lo ha sido nunca.

Y de esa frase: decidí dejar en mi blog de letras para niños y jóvenes, todo el artículo en un link al diario El país.
Porque también del buen deseo de los padres nacen niños y niñas lectores.
Les dejo el artículo completo y deseo que realmente los impacte como lo hizo conmigo.
La Educación de los niños

Que gran maestro el Sr. Pennac.


Cuántas veces los hemos visto?
Cuántas más nos dimos cuenta de que en realidad es razonables las 10 propuestas de Daniel Pennac?
Pero cuántas veces nos paramos en un aula, en nuestra casa, o frente a no lectores diversos a decirlos de memoria como si realmente fueran muy importantes?
Verdad que pocas veces hemos comenzado una lectura con los derechos del lector.
Por qué será.
Será porque crecimos sin ellos. Será porque realmente no los consideramos imprescindibles a la hora de formar lectores. Será porque pensamos que finalmente se dará por sobre entendido lo que acá dice.
No sé porque siendo fanáticos de los diez derechos del lector nos los predicamos más a menudo.
Hoy mi disertación tiene que ver con esto: los padres, los abuelos, los tíos, los hermanos mayores, los bibliotecarios, los maestros, los profesores, todos, todos aquellos que predican que quieren hacer de los más chicos buenos lectores deberían andar con estos "mandamientos" a cuestas como un catequista con su biblia. No se puede predicar sin el ABC, y estos son los primeros pasos para vencer la resitencia a la lectura.
Es preciso compartirlos y difundirlos mucho más.